0

Siete cosas que aprendí de mi padre

19 June 2026

A mi padre, Carlos Romero Huxley, lo recuerdo con cariño y con el eco de su voz. Cada consejo y cada palabra se hacen aún más presentes día con día. Hoy sus palabras resuenan en mí con mucha más fuerza, pues comprendo que ser padre no comienza ni se consolida con el nacimiento de tus hijos, sino que se construye día con día y me atrevo a decir que empieza mucho antes: todo lo que vi en casa, lo que escuché de papá y todo aquello que antes parecía incomprensible comienza a tomar claridad. Hoy reflexiono acerca de lo que voy entendiendo con los años, pero que había escuchado y visto mucho tiempo atrás.

Cumplir lo que se promete

Sin grandes discursos, mi padre me enseñó el valor de la palabra. La palabra vale cuando no está vacía y se enuncia sola cuando significa. De nada sirve hablar si no se es coherente con lo que se dice. Una promesa cumplida genera cariño, admiración y respeto de los otros, a la par que crea un alma íntegra.

Educar con el ejemplo

Este quizá sea el mayor reto. Cuando la palabra no coincide con el actuar, sólo hay una decepción profunda. Ser papá me ha enseñado que uno no educa solamente con lo que dice: educa con lo que hace, con cómo trabaja y cómo trata a las personas. A nuestros hijos debe gustarles lo que ven en el espejo. Somos su primer referente y debemos saber que la calidad comienza en casa.

Trato amable y educado

Creo firmemente que la cortesía regala armonía al mundo. Como creadores de zapatos, siempre buscamos la belleza, pero ésta no sólo viene en formas tangibles. Mi padre me enseñó que el respeto no se exige, sino que se gana. Y eso sólo puede ocurrir con el trato.

A mis hijos les he enseñado a dirigirse con clase y calidez a todos los que los rodean. El universo de Regina Romero busca constantemente la elegancia. Y la elegancia también tiene que ver con cómo nos comportamos y nos dirigimos a los demás. Si a la familia se le cuida con cariño y responsabilidad, a los otros con cordialidad y simpatía.

Trabajar con integridad y honradez

De mi padre aprendí que el trabajo te acompaña toda la vida. No lo es todo, pero sí es una constante en la vida de las personas. Entonces, si se vuelve una manera de vivir, es fundamental conducirse con integridad y honradez. Así también podemos volvernos un ejemplo a seguir, una inspiración.

Y desde pronto también entendí que el trabajo se hace bien, aunque nadie lo esté revisando. En cada uno de nuestros zapatos se plasman momentos y decisiones que acompañarán a quien lo elija. Entre telas y forros, sólo puede haber calidad para que sea percibida por quien lo calce. Hacer las cosas bien desde un inicio no puede dar un mal resultado.

Vivir con pasión y honor

Aprender cada día es algo que me ha acompañado en Regina Romero y como padre. La vida se nos presenta diariamente como una serie de oportunidades y elecciones que no podemos vivir sin pasión.

Que nos apasione nuestra vida, nuestra familia, nuestro trabajo, es necesario para sentirnos plenos. De mi padre —y también de mamá— aprendí a siempre perseguir los sueños. Pero yo no hablo de una pasión sin dirección. Por ello creo que debe estar impregnada de honor. Incluso las pasiones llevan deberes. Y al elegir, también elegimos cumplirlos.

Acompañar, dar raíces y ser responsable por cada decisión

No se puede ser un padre perfecto. Nadie lo es. Pero, casi siempre, vale todavía más acompañar que sólo intentar guiar o corregir. Hay momentos en los que pude haber escuchado más, haber tenido más paciencia, haber entendido antes ciertas cosas. Pero creo que ser papá también es eso: aprender todos los días, corregir, pedir perdón cuando hace falta y seguir estando. Acompañar es estar cerca. Es dar raíces, pero también dar libertad. Es querer que tus hijos caminen con seguridad, aunque a veces caminen distinto a como uno imaginó.

A mis hijos, Jorge y Romina, les he transmitido que la verdadera compañía es una alianza. Hoy, sus colaboraciones con este gran sueño me conmueven. Verlos participar, opinar, proponer, involucrarse y poner algo de ellos en este proyecto me hace sentir que la historia familiar sigue caminando, creando raíces: lo que empezó mucho antes que nosotros, con sus abuelos Carlos Romero y Regina Calzada de Romero, no se quedó solamente en un recuerdo. Sigue vivo de otra manera.

Y, desde luego, la responsabilidad. En realidad, todo es una cadena. Sus aportes llevan el peso de su palabra y su nombre y, por lo tanto, serán responsables de cada paso en su vida.

Vivir en gratitud

Hoy en día, uno de mis sentimientos más profundos es el agradecimiento. Eso no lo vivo sólo como papá, sino como persona. Gratitud por mi padre, por las frases que me dejó, por su ejemplo y por lo que entiendo hoy mejor que antes.

Gratitud por mis hijos, Romina y Jorge, por lo que me enseñan y por permitirme ver cómo una historia familiar puede seguirse escribiendo de nuevas maneras. Y, finalmente, gratitud por poder seguir caminando, no perfecto, pero sí con amor, con responsabilidad y con el deseo de dejar una huella que valga la pena.

Hoy les deseo un Feliz Día del Padre a todos aquellos que siguen recorriendo este camino y aprenden a serlo, día con día. Quizá por eso me conmueve ver a Romina y Jorge cerca de este camino. Porque entiendo que no se trata de que repitan mi historia, sino que encuentren su propia forma de aportar, con su mirada, con su generación, con sus ideas y también con sus propios pasos. Para mí, esa es la mejor parte de ser padre: aprender, equivocarse, intentar y amar.

 


regresar al blog

ESCRIBIR UN COMENTARIO

Please note, comments need to be approved before they are published.