La historia de Regina Calzada y el origen de Regina Romero
En 1950, el contexto de la moda en México era muy distinto al que conocemos hoy en día. Las marcas extranjeras navegaban con fuerza y prestigio, presentándose como las únicas opciones para que las mujeres mexicanas vistieran calidad y elegancia. El calzado tenía un panorama aún más oscuro, pues el diseño era casi inexistente y la potencia de los materiales de alta calidad de origen nacional no había sido descubierta.

Vista de México en 1980. Archivo Wikipedia
Pero dieciséis años antes, en 1934, había nacido una joven en Teapa, Tabasco, que cambiaría el curso del calzado en México. El 15 de junio de aquel año, Regina Calzada Casanova llegaría al mundo sin saber la huella que habría de dejar. En ese momento, siendo una joven mujer, decidió mudarse a la Ciudad de México. El destino la llevó a trabajar en El Palacio de Hierro, un espacio que en ese entonces representaba la cima de la modernidad en México.

Regina Calzada de Romero
Entre probadores y pasillos llenos de perfumes, Regina descubrió algo más que un empleo: descubrió su vocación. Aprendió que la moda no es un accesorio superficial, sino un lenguaje de identidad y expresión.

Vista del Palacio de Hierro en Perisur, 1980, poco antes de su apertura
Poco tiempo después, Regina conoció a quien se convertiría en su compañero de vida y un impulso para sus sueños. Carlos Romero Huxley, un joven vinculado al mundo de la piel, era socio en la tenería Cuauhtémoc en Monterrey, especializada en curtidos finos. Entre los olores a taninos, texturas de cabrito y procesos que transformaban la materia en lujo, comenzaba a dibujarse un panorama que ellos ni siquiera habían imaginado.

Con la unión de sus vidas, Regina y Carlos unieron sus universos y el gran potencial que habitaba en ellos. Carlos comenzó a realizar múltiples viajes a Europa para vender pieles mexicanas a grandes casas de calzado. Regina, ahora su esposa, lo acompañó en aquellas travesías y su destino se abrió ante ella: las pieles mexicanas se convertían en exquisitas piezas de calzado al posarse sobre las manos italianas.

La belleza extraordinaria de aquellos zapatos despertó en ella una curiosidad constante. México tenía los recursos para crear, pero no contaba con aquellas líneas finas. El país estaba cerrado a importaciones de calzado; los zapatos locales eran toscos, con hormas anticuadas y manufactura rudimentaria.

Calzado en pasarelas de Yves Saint Laurent 1981, Armani 1987 y Versace 1980. Vogue
Regina pensó: si nuestras pieles pueden transformarse en estas piezas exquisitas en Europa, ¿por qué no ofrecer lo mismo a la mujer mexicana? Tenía la certeza de que la mujer mexicana poseía la sofisticación y el criterio para usar calzado de ese nivel. Y, sobre todo, que lo merecía.

Zapatos vintage Regina Romero
Tras un arduo trabajo, en 1984, la familia Romero abrió la primera tienda Regina Romero en Presidente Masaryk, Polanco. El acontecimiento fue histórico en sí mismo, pero iba acentuado por una decisión trascendental: en aquella ciudad plagada de nombres masculinos y extranjeros, Regina dio su nombre a su propia marca. La valentía y visión de ese momento, que también representaba un riesgo altísimo, se convirtió en la nueva perspectiva de la moda para la mujer mexicana.

Regina Romero, así, representó a todas aquellas mujeres que buscaban elegancia, cerca de casa y con los valores de su propia tierra. Su figura era el dibujo de los anhelos de las damas que deseaban expresar su estilo, pero también una revolución a la situación de la moda en México en aquella época.

Con un panorama tan innovador, el siguiente hito parecía natural: Regina Romero fue la primera marca mexicana de zapatos en entrar a El Palacio de Hierro. En un espacio dominado por marcas internacionales, la presencia de Regina Romero era un orgullo y una declaración de confianza en lo hecho en México. Hoy, casi cuarenta años después, seguimos siendo la única marca mexicana de calzado femenino en El Palacio de Hierro.

Pero hay que entender que Regina Romero es más que una marca de zapatos. Es la historia de una familia, el símbolo y el respeto de un nombre real y la certeza de que en México se puede crear calzado fino de la más alta calidad.

Desde 1980 hasta hoy, hemos preservado un oficio que el mundo necesita recordar: el arte de hacer zapatos a mano, con paciencia, con detalle y con alma. Somos parte del movimiento del slow fashion, del quiet luxury que permanece y crea presencia sin escandalizar.

Cada par que entregamos honra un legado, defiende un oficio y celebra la elegancia atemporal. Nuestro futuro está en seguir fieles a esa promesa: crecer con sentido, cuidar a nuestra gente, respetar el nombre que llevamos y caminar junto a la mujer mexicana con orgullo, paso a paso; y sobre todo, reconociéndola, así como Doña Regina supo reconocer el valor de su propio nombre, otorgándole a una marca, la suya.
