En una de nuestras ediciones más recientes, Tendencias Otoño-Invierno 2026, te contamos cómo es que la manifestación de la identidad, la elegancia pragmática y lo perdurable se han consolidado como un deseo permanente.
Y tiene todo el sentido. Cuando todo comienza a parecerse, se diluye; y, pese a que compartimos mucho con los demás, incluso más que nuestro ser único, es natural querer aceptar y expresar lo mejor de nosotros. La moda, en este caso, funge como una herramienta para mostrar al mundo quiénes somos que se balancea armoniosamente con lo duradero y con elegancia útil: prendas que nos envuelvan, pero nos funcionen e identifiquen.
Entonces, pareciera contradictorio que busquemos adoptar tendencias, ya que éstas generalmente están relacionadas con un universo volátil. Si vienen y van, ¿cómo podríamos identificarnos con ellas? La respuesta es mucho más simple: adaptación. No se trata de copiarlas o de saturar nuestros armarios con todo lo que se presenta como nuevo, sino de tomar lo mejor y adaptarlo mediante nuestra autenticidad.
Un color, muchos estilos
Sabemos bien que ya no buscamos únicamente vernos bien, sino sentirnos nosotros mismos. El estilo debe ser una extensión de identidad y cada prenda o calzado que portamos, debe ir elegido desde un criterio propio; un criterio que combina identidad, gusto, tendencias y, en nuestra propia línea, elegancia.

Cada pieza que elijas se trata de una decisión consciente, que equilibra moda actual, identidad, autoconocimiento y pragmatismo. Esto es: algo que se presenta como nuevo, que me representa, elegido desde mí y que me funciona. La ecuación tiene un balance que hace de la experiencia de vestir y calzar algo inolvidable.
En el caso de los zapatos, estos definen presencia. Si piensas en una tendencia impactante como por ejemplo, el animal print, puedes llevarla a ellos respetando tu identidad sin dejar de experimentar. Una mujer mucho más clásica podría llevar una zapatilla de corte tradicional que juegue con este estampado; al tiempo que, una mujer de estilo mucho más creativo o vanguardista, puede calzar unas botas con esta textura.

La observación es clave para lograr este objetivo. Pero no sólo debemos mirar lo que acontece al exterior, sino también en nuestro interior: qué quiero expresar, hacia dónde voy y qué de lo que hay afuera resuena conmigo. En el caso de este otoño, por ejemplo, lleno de telas fluidas y estructuras, debemos elegir con qué volantes sentimos fundirnos y qué estructuras nos sostienen, sin contenernos.
Y es que todo tiene una forma de adecuarse y siempre habrá algo que nos identifique. Como calzado, las balerinas son una gran representación: correas delgadas, gruesas o dobles; colores impactantes y texturas o tonos neutros; ornamentos sutiles o impactantes… existe todo porque todos debemos encontrar un espacio y podemos coexistir.

Al día de hoy, entre todos los estilos, valoramos sobre todo lo perdurable. Curiosamente, las tendencias se inclinan a prendas y calzado de calidad que permanezcan en nuestros guardarropas por años. Entendamos las tendencias como muestras de comportamiento, no como apariciones fugaces.
Recuerda que, ahora más que nunca, y entre la multiplicidad de opciones, no debemos abrumarnos porque no buscamos vestirnos, sino ser nosotros mismos.
¿Qué tendencia te identifica y has adaptado para ti?