Del nombre al valor real
Conforme maduramos, vamos priorizando aquello que nos sienta bien en todos los aspectos. Elegimos lo que es mejor en vez de todo aquello que pretende ser más. Algo similar está ocurriendo con la industria de la moda, y sobre todo, la del lujo.
Anteriormente, el lujo se medía por tamaño: el tamaño del logo, del precio o de su promesa. Mientras más visible o cara era una marca, parecía tener más valor y ser más deseable. Hoy, el contexto cambia poco a poco: el lujo está madurando.
Auge y caída del ultra lujo
Por más de medio siglo, el llamado ultra lujo se construyó bajo la idea de la exhibición: bolsas, zapatos y prendas pensadas para ser reconocidas antes que usadas, logos que hablaban más fuerte que los materiales y precios que buscaban imponer estatus antes que justificar calidad. Por muchos años esto funcionó muy bien, hasta que las personas decidieron que estaban dispuestas a pagar altos costos, pero ya no de la misma manera. El costo del lujo debe ser justificado con valor real.
Hoy, las mujeres que eligen con criterio no preguntan primero cuánto cuesta, sino arrojan una serie de cuestionamientos que van mucho más relacionados con la madurez y lo fundamental:
— ¿Quién lo hizo?
— ¿De qué está hecho?
— ¿Cuánto dura?
— ¿Cómo se siente al usarlo muchas veces?
Estos cuestionamientos surgen de comprender algo básico: una marca no es un logo. Es una cadena de valor. Y esa cadena —cuando es real— se nota. En el caso del calzado, se nota en el corte, en la piel, en la horma, en la comodidad y en cómo la pieza madura con el tiempo.
Del símbolo externo al valor interno
El lujo ostentoso que hoy se encuentra en decadencia siempre buscó la validación externa; hacerse evidente ante la mirada de los otros. En cambio, el valor auténtico siembra orgullo en quien lo usa: no es lo mismo usar algo sólo para ser visto que usar algo que te hace sentir bien contigo misma.

En este proceso de transformación, muchas mujeres prefieren menos piezas, pero mucho mejor hechas; que transmitan sentido en vez de ruido y que permanezcan y trasciendan las tendencias pasajeras. En la metamorfosis del lujo, hemos descubierto que el verdadero status es la coherencia.
Este valor también se refleja en el precio, pero dista de ser sólo un número. Un precio alto puede ser adquirido, de otra manera no existiría en el mercado. Pero el valor real se construye con oficio, experiencia, materiales honestos, procesos éticos y diseño pensado para la vida real. Es así como dos productos pueden costar lo mismo, pero dar una sensación completamente distinta. Posterior a la compra, uno de ellos se sentirá vacío, mientras que el otro pasará a formar parte de nuestra historia.

Las piezas que realmente se integran a nuestra vida llevan en su esencia mucho más que marketing. A través de ella podemos ver su construcción con manos expertas y decisiones conscientes, además del tiempo invertido y el conocimiento acumulado que requieren para lograrse. Estas piezas llevan en sí mismas el respeto por el uso cotidiano.
Todos estos valores no siempre son perceptibles en una fotografía, pero se sienten a cada paso. Una vez que una mujer lo aprecia, indiscutiblemente lo integra a su vida y no vuelve a comprar igual.
El nuevo significado de marca
Las verdaderas marcas que se han unido a esta metamorfosis no gritan, ni presumen, ni intentan convencer. Hoy, las marcas sostienen, acompañan y cumplen lo que prometen, forjando relaciones a largo plazo. No son conquistas momentáneas, sino relaciones profundas.
Esto, desde luego, no es una tendencia estética, sino una transformación profunda de la consciencia y percepción de las marcas. Las personas han comprendido que el desperdicio, la exageración y la prisa son un conjunto de antónimos del lujo, la elegancia y la calidad. Invertir en algo bien hecho, a precio justo, es una forma de respeto para quien produce y para el comprador. Da valor al oficio y al tiempo.
El valor que permanece
En Regina Romero hemos aprendido algo después de más de cuatro décadas: las marcas que perduran no persiguen atención, construyen confianza y diseñan pensando en el uso real. El uso real se refleja en el paso largo, en el día completo y en la mujer que lo vive cuando decide y camina con intención. Las piezas bien hechas, no necesitan explicación. Se reconocen en un parpadeo.
En nuestro blog 500, estamos orgullosos de esta postura. Creemos en un lujo distinto:
uno que no se impone, se elige; que no presume, sino acompaña. Y sobre todo, que no caduca, sino permanece. Hoy, más que nunca, el verdadero lujo es usar algo con orgullo, sabiendo todo lo que hay detrás.
Descubre piezas diseñadas desde el oficio, la comodidad y el valor real.
Explora nuestra colección y camina con lo que sí permanece.