Desde hace ya muchos años, el tema del fast fashion se ha vuelto muy relevante y se le menciona en todo momento. La industria de la moda, y específicamente la industria textil, es una de las más contaminantes del planeta. Si a ello sumamos el creciente ritmo de consumo, el fast fashion se vuelve aún más grave.
Pero, ¿en qué consiste esto? El fast fashion es un modelo de producción dentro de la moda que, literalmente, es moda rápida. Toma tendencias y las adapta deprisa; su velocidad también se traduce en altos niveles de producción y desecho, así como el uso de materiales de baja calidad. Sumado a ello, los procesos de confección suelen ser turbios y atentar contra las condiciones laborales de sus trabajadores.

Quizá una de sus peores implicaciones es, precisamente, la ecológica, pero también la del uso. La producción de ropa representa el 10% de emisiones de dióxido de carbono a nivel global y la mayoría de las prendas no se usa más de 10 veces.
Los efectos contaminantes de la producción de prendas alcanzan a la tierra y el agua, desde su producción hasta el lavado, que libera un nivel de 500 mil toneladas de microplásticos en los océanos anualmente. Y, por si fuera poco, el 73% de la ropa producida cada año termina incinerada o en basureros, sin dejar de lado que la producción involucra químicos altamente dañinos para la salud humana.
El deseo de estar en tendencia tiene un impacto muy alto, pero lo adquirido es desechable. Este tipo de moda está hecha para tirarse, lo que genera armarios repletos de piezas sin atemporalidad y sin durabilidad. Seguir las tendencias literalmente, crea un modelo de consumo fácilmente agotable.
En contraposición, existe un modelo mucho más loable y que promete un mejor panorama ante la voracidad del fast fashion. Su opuesto, el slow fashion. Este modelo busca ser un refugio para la moda y ofrecer a sus clientes productos de mucha mayor calidad y permanencia. Lo atemporal goza de una fuerza inigualable.
Colección Primavera-Verano 2026
Generalmente, las piezas del slow fashion están creadas para durar en todos los sentidos. Los materiales se seleccionan cuidadosamente y los diseños se crean para durar por muchas temporadas. El modelo de trabajo es mucho más amable con los trabajadores, respetando su maestría y talento; y con el medio ambiente, creando una huella ecológica mucho menor al fast fashion.
modelo Judy, nuestro gran ícono atemporal
Regina Romero cumple con este modelo a cabalidad. Nuestros diseños de inspiración italiana se alinean a la moda hecha para durar, pero también reinterpretan las tendencias actuales, adaptándolas con atemporalidad. No renunciamos a la moda, sencillamente tomamos lo mejor de ella.

Y en cuanto a la construcción de nuestros modelos, sabemos que la maestría mexicana es de excelencia y tradición. Nuestros maestros zapateros son exprtos, conservando procesos tradicionales que, precisamente, cuentan con todo aquello que se opone al fast fashion: tiempo y detalle.

Es importante crear un consumo consciente en todos los sentidos. En el nuestro, hemos buscado que la atemporalidad de nuestros diseños esté perfectamente balanceada con la durabilidad de nuestros zapatos. Afortunadamente, hemos salido victoriosos. Contamos con testimonios de clientas que han encontrado zapatos de sus madres o de ellas mismas, en condiciones prácticamente impecables. Y lo mejor de todo, es que siguen a la moda. Creamos zapatos llenos de elegancia, pero sobre todo, hechos para durar.

Referencias
https://www.greenpeace.org/mexico/blog/9514/fast-fashion/